Sí. Sobran razones para ir a la huelga general de mañana. Es cierto que nuestra clase política no está en sus mejores horas, es cierto que los sindicatos, en conjunto, han perdido credibilidad, es cierto... todo lo que queramos añadir y cada uno llevará sus razones.
Pero también es cierto la serie de realidades que a través de decretos estamos comenzando a vivir. No es justo que la actual crisis económica, la soporten en primer lugar los pensionistas. No es justa la nueva Ley de Reforma laboral, que abre la caja de los truenos, a toda esa generación de jóvenes presentándoles un presente y sobre todo un futuro sombrío.
¡ Cuántas conquistas , laborales, sociales ...logradas con sangre , sudor y lágrimas están desmoronándose en un abrir y cerrar de ojos!. ¿ Cuáles serán las siguientes?.
Se queda uno perplejo viendo a la clase política rendida al poder económico, que cada vez pide más y más, sin pudor alguno.
Y sobre todo, causa una pena enorme y vergüenza, ver cómo este baile le ha tocado bailarlo, precisamente a la izquierda. A la que dice ser y llamarse la izquierda. Sin que le tiemblen las piernas, sin rubor, entregados a un trabajo que no es el suyo, que no les pertenece. Con la sonrisa y el aplauso contenido de quienes sentados, esperan ávidos el próximo baile.
Pero también es cierto la serie de realidades que a través de decretos estamos comenzando a vivir. No es justo que la actual crisis económica, la soporten en primer lugar los pensionistas. No es justa la nueva Ley de Reforma laboral, que abre la caja de los truenos, a toda esa generación de jóvenes presentándoles un presente y sobre todo un futuro sombrío.
¡ Cuántas conquistas , laborales, sociales ...logradas con sangre , sudor y lágrimas están desmoronándose en un abrir y cerrar de ojos!. ¿ Cuáles serán las siguientes?.
Se queda uno perplejo viendo a la clase política rendida al poder económico, que cada vez pide más y más, sin pudor alguno.
Y sobre todo, causa una pena enorme y vergüenza, ver cómo este baile le ha tocado bailarlo, precisamente a la izquierda. A la que dice ser y llamarse la izquierda. Sin que le tiemblen las piernas, sin rubor, entregados a un trabajo que no es el suyo, que no les pertenece. Con la sonrisa y el aplauso contenido de quienes sentados, esperan ávidos el próximo baile.