domingo, 1 de febrero de 2015

El derecho a la esperanza

" La libertad estriba en ser dueños de la propia vida"
( Platón.- Filósofo griego.  427- 347 a.C.)



Es un derecho  tener ilusiones personales y colectivas, tener esperanza y  poder comprobar que no todo tiene que mantenerse por siempre igual, sobre todo si el presente es  duro  e irrespirable. 
Tenemos derecho a mirar más allá de lo que nos dejan. A abrir ventanas. A saber que hay vida detrás de los dogmas financieros y mercantilistas que nos azotan. El derecho a decir NO, cuando tantos síes nos han traído  a este tiempo  angustioso y desesperanzador para tanta gente y muy especialmente para la juventud.
Tenemos  derecho a creer y desear que otro mundo y otras formas son posibles. Derecho a desafiar al miedo. Derecho a no vivir de rodillas, a desenmascarar las mentiras, a decir ¡Basta!, cuando la dignidad como personas es pulverizada y se convierte en lejana utopía. Derecho a creer que existe la solidaridad y que no todos los seres humanos son  malos e inmorales por esencia. Derecho de asirnos a valores que nos humanizan y nos cultivan . Nadie, absolutamente nadie, nos puede robar ni recortar todos estos derechos.
Y también tenemos el deber generacional de entregar una sociedad mejor. En cualquier caso, nunca  peor  que la que recibimos. Nada lo justificaría.
En este presente triste y noqueado después del aluvión provocado por el paradigma de la austeridad impuesta por los pecados cometidos ( en el fondo, para acabar con la sociedad del bienestar), no queda otra salida que recuperar la ilusión y depositarla  en quienes han sido capaces de encender una pequeña luz  en medio de la oscuridad.
Da igual que se llame Podemos o como se hubiese llamado. Da igual que sean unas personas u otras. Lo verdaderamente importante es que se ha abierto una esperanza real de recuperar, más pronto que tarde, la ilusión  de caminar avanzando para que cualquier pasado lo veamos,  siempre, peor en cuanto a derechos conquistados y de establecer  formas de vida más humanas, más justas, más dignas  y más solidarias. Han logrado poner al país patas arriba abriendo interrogantes y poniendo en tela de juicio " verdades y argumentos" inamovibles y nunca cuestionados hasta ahora. Han conseguido  que los partidos, adormecidos o alejados de sus ideales, noten  cómo el suelo se mueve bajo sus pies. Han roto en pedazos la monotonía y la gente comienza a pensar   que nada está escrito de antemano y que cada pregunta debe ir unida a una respuesta lógica y no trilera. Se ha tomado conciencia de que  acabar con el desencanto es el primer paso, ineludible, para comenzar a caminar con todas las carencias y defectos que se quieran.
No puede ser lo que se está viviendo. No pueden hacernos  creer que esto es lo natural a pesar de tanto desgarro y que algún día  lejano llegará ese  paraíso anunciado  que nunca se alcanzará. No puede ser que a la vez que soportamos y vemos  tantísima indignidad a nuestro alrededor, asistamos como espectadores al conocimiento diario  de  auténticas orgías  de corrupciones, de impunidades y de saqueo a manos llenas de dineros públicos, es decir, de todos.
No puede ser, como está ocurriendo, que toda una generación sea sacrificada porque sí. No puede ser que desde las  instancias democráticas se apuntalen y justifiquen medidas insoportables para la ciudadanía e impuestas por poderes ajenos al sistema democrático. Nos va en ello la salud democrática. No puede ser que los ciudadanos  estén por debajo  de los poderes y directrices de los mercados. 
En el lodazal y la parálisis en que nos encontramos, ha surgido Podemos. ¿Cuáles eran las otras opciones?. ¿ Mantener todo igual siguiendo la misma cirugía y tratamiento a cargo de los mismos equipos médicos, sólo dispuestos a forzados  retoques mínimos ante la persistente y cada vez mayor gravedad  del enfermo?.
¿ Esperar a que todo salte por los aires  cualquier día de cualquier año?.
Nuevos equipos, nuevas formas, nuevos tratamientos,... ¿Por qué no?. Es obvio que también pueden fallar. Nadie lo discute. En todo caso, se trata de hacer lo mismo que cuando nos preocupa cualquier tema médico delicado o de especial  gravedad que afecte nuestra salud. Buscamos  segundas opiniones e incluso solicitamos distintos tratamientos y distintos profesionales si, llegado el caso,  observamos  que el asunto no avanza positivamente.
Este es el comportamiento natural de cualquiera.
Costará trabajo. Mucho trabajo. No soltarán su presa fácilmente. El poder tiene estas cosas. Son muchos años y la costumbre hace hábito. Seguirá cayendo basura a espuertas  sobre este partido y sus dirigentes a medida que sus posibilidades crezcan. Se les mirará con lentes de última generación  para encontrar  lo que haga falta y más. Se usarán varas de medir muy distintas. Se asustará con el miedo al abismo, se mentirá sin escrúpulos a través de sus discursos dominantes. Establecerán comparaciones injustas y harán lo imposible por arrancarnos la esperanza en algo mejor y posible.
El objetivo no es, por tanto,  luchar contra la corrupción  ni contra personas carentes de ética y moral. No. No es ese el objetivo contra los que aspiran a gobernar.
Si fuese así, ya estarían luchando- los partidos clásicos- desde hace décadas contra temas de muchísima más envergadura  y que siguen correteando a sus anchas ante nuestra mirada atónita. 
El objetivo, al aplicarles la lupa es, simplemente, que no alcancen, ni se acerquen siquiera, al poder bajo ningún concepto. 
Están  destemplados y nerviosos ante esa posibilidad. Disponen de todos los medios y es su territorio. No quieren a gente no invitada. 
Les falla, eso sí, algunos aspectos importantes. Es su talón de Aquiles. Carecen de credibilidad dado su historial, y pretenden a la desesperada que tampoco la tengan  aquellos que, al día de hoy, aún mantienen en blanco sus expedientes políticos. 
Y carecen, sobre todo, de la ilusión, la confianza y la esperanza que la ciudadanía reclama a los cuatro vientos  para intentar salir de este atolladero y de este desencanto.
Se trata de recuperar la dignidad y de no cercenar el futuro de las nuevas generaciones. Aquellos  que,  cuando se aprobó la Constitución vigente, eran muy pequeños y otros muchos ni habían nacido.
Hoy, buena parte de ellos andan buscando con desasosiego su espacio en la sociedad para vivir con dignidad e independencia.
Es su tiempo. Es su hora. Es su derecho. Es su voz y su esperanza.
¿ Qué razones nos asisten para no permitirles presencia, protagonismo y confianza?.
" Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente", como nos dijese el escritor suizo Friedrich Dürrenmatt ( 1921- 1990).



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